ACR en la UBA

Un desafío: matar a Platón en su propia casa:

Desde Agosto de 2014, el abolicionismo de la cultura represiva cuenta con “cátedra” propia en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

A cargo de Maxi Postay (y con la activa participación de la mayoría de los sectarios LTF) el curso cuatrimestral, denominado formalmente “Abolicionismos. Teorías, prácticas y militancias”, integra -desde entonces- la currícula oficial de la carrera de abogacía.

Se trata de un acontecimiento inédito, histórico y, por demás, perturbador.

Para muchos contradictorio, paradojal, inexplicable, inadmisible.

Para los integrantes del espacio/secta LTF -en cambio-, una filtración… una oportunidad inmejorable para gritarle/vomitarle a Platón -en tanto ícono y creador de la academia-, en su propia cara, en su propia casa, que su forma/método/manera de abordar/compartir el “conocimiento” nos resulta repugnante.

La universidad es una cárcel; la academia, una de las variantes materiales más eficaces del segregacionismo institucional típico de nuestras sociedades represivas.

Creer en programas, módulos temáticos, objetivos apriorísticos, conceptos estáticos, especializaciones insulares, aulas cerradas, bibliografías obligatorias o en la relación, por definición asimétrica, existente entre profesores iluminados y alumnos oscuros (a los que como tales hay que iluminar) resulta tan estúpido (e indigerible) como creer en la resocialización carcelaria, la pseudocientificidad del discurso etiquetador psiquiátrico o las promesas desesperadas de un político (cualquiera) en plena campaña electoral.

La academia excluye. La academia segmenta. La academia disciplina.

La academia es (fue/será) una gran especialista en dejar “afuera” a los que considera que no están a la altura de sus circunstancias.

La academia, en tanto pésimo invento de un filósofo fascista, debe desaparecer.

¿Y entonces? ¿Por qué estamos/seguimos allí?

Porque no somos tontos, puristas ni dogmáticos y las filtraciones (no todas, sino las que en su potencial ejercicio garanticen libertad de acción) deben ser aprovechadas.

Mientras nadie nos diga lo que tenemos que decir, hacer o pensar, no vemos impedimento alguno en compartir nuestra posición política en un ámbito de estas características.

Y, desde que entramos a las aulas hasta que salimos de ellas, decimos, hacemos y pensamos exactamente lo que queremos.

Visibilidad y profundización.

Un curso de este tipo asegura un “público” estable de alrededor de cincuenta/cuarenta personas por cuatrimestre.

Cincuenta/cuarenta personas por cuatrimestre que, de no existir un curso de este tipo, quizás nunca hubieran tenido la posibilidad de acercarse a y/o interesarse en el abolicionismo de la cultura represiva.

Belén Maletti cursó la primera edición; Julia Rodríguez y Walter Melián cursaron la segunda.

Ellos son sólo algunos ejemplos, que en sí mismos, justifican -retrospectivamente- la apuesta de inserción abolicionista en el ámbito universitario.

¿Es la facultad un espacio imprescindible para el desarrollo del abolicionismo de la cultura represiva o la militancia LTF?

Claro que no. Ningún espacio lo es.

Sirve. Suma. Gratifica. Por momentos, angustia. Por momentos, explota.

Pero, bajo ningún punto de vista, podemos considerarlo el eje central, el núcleo de referencia o la panacea existencial de nuestro activismo político.

El abolicionismo de la cultura represiva, cual experiencia rizomática, no cree en la clasificación jerárquica de los espacios a disposición.

No cree que la intervención universitaria sea más relevante, por ejemplo, que la participación en una asamblea en un barrio marginal o la puesta en marcha de una editorial independiente.

¿Es importante? Claro que sí. Pero nuestra militancia no se reduce sólo a eso, ni mucho menos.

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Lo que hay que saber:

En sus más de 140 años de historia, la UBA, nunca había tenido un curso dedicado 100% al abordaje del abolicionismo (abolicionismo penal y -mucho menos- abolicionismo de la cultura represiva).

En el mundo no existen registros de experiencias similares.

El curso se llena cuatrimestre tras cuatrimestre.

Suele agotarse en primera inscripción, lo que lo transforma en uno de los cursos más solicitados de la “oferta” disponible.

Se cursa lunes y jueves, de 18:30 a 20:00 hs.

No se respeta ningún programa.

Nunca un cuatrimestre es igual al otro.

No hay bibliografía obligatoria.

No hay parciales, finales, trabajos prácticos ni ridiculeces del estilo.

Se prioriza la creación a la repetición robotizada de contenidos preestablecidos.

Lejos de promoverse la confección de monografías estáticas, adictas a la cita al pie de página y los alardes de erudición, el curso promueve la elaboración de ensayos de investigación poética, también conocidos por su sigla: EIP.

El alumno debe pensar.

El alumno debe sentirse capaz de hacerlo por sí mismo.

El alumno no debe esperar que otros piensen por él.

En este sentido, se promueve el contacto directo del alumno con la “fuente/herramienta original”.

Si, por caso, una de las propuestas del curso fuera analizar la influencia de la patrología latina en nuestra vida cotidiana desde la cátedra se sugerirá leer directamente, y sin intermediarios, a los padres de la iglesia.

El alumno debe conectarse con su sensibilidad.

El alumno debe escribir con sangre.

El alumno debe comunicar con el cuerpo, desde el cuerpo y para cuerpos.

El alumno debe prescindir del “saber saber” y priorizar el “saber relacionar”.

El alumno debe acostumbrarse a destruir.

El alumno debe preguntarse todo, absolutamente todo.

El alumno debe renunciar a su “normalidad”.

El alumno debe renunciar a la pasividad característica de su rol de alumno.

Debe dejar de ser alumno (con todo lo que esto significa en términos simbólicos y/o etimológicos).

Debe asumirse compañero (con todo lo que esto significa en términos simbólicos y/o etimológicos).

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Lo que el curso genera:

En las instituciones de formación, salvo aisladas excepciones, sólo circula “conocimiento oficial”.

Inofensivo para el orden establecido y sumamente eficaz a la hora de domar, docilizar, disciplinar cuerpos rebeldes.

Los planes de estudio, los programas, cuidadosamente seleccionados por las autoridades y los maestros, formados a su vez, dentro de esos márgenes, tienen como objetivo central (se reconozca o no) asegurar la perpetuidad ad infinitum de tan ruinoso modus operandi.

Los “métodos” dominantes apuntalan lo dicho: repetición, memorización, obligatoriedad, premios y castigos, poco o mínimo interés por indagar en las potencialidades específicas de cada “alumno”, invisibilización de contenidos incómodos y/o contrarios al “relato oficial”, deshumanización, cero preocupación por la multiplicación de interacciones entre compañeros, instauración de jerarquías incuestionables, etc.

Lejos de tamaña basura, la propuesta de la “cátedra abolicionista de la UBA” apunta a controvertir dicha “lógica”, compartiendo/circulando conocimiento desde el placer, el cuerpo, el juego, la curiosidad y la consecuente (compulsiva) “destrucción” (puesta en crisis) del saber hegemónico.

En este sentido, resulta un gran orgullo para nosotros afirmar que, pese a las obvias limitaciones del contexto, en las diferentes ediciones de nuestro curso, los estudiantes logran/intentan -en mayor o menor medida- romper con las prácticas académicas lamentablemente “naturalizadas”.

Que un alumno (compañero) pase por nuestro espacio y aprenda a despreciar a los tratados y sus contenidos cubetera.

Que un alumno (compañero) pase por nuestro espacio, deje de ser “arcilla” y se convierta en la “nada creadora” de la que nos habla Stirner.

Que un alumno (compañero) pase por nuestro espacio, se asuma “ser político”, tome partido, se comprometa y se atreva a desenmascarar aquello que las instituciones -compulsivamente- presentan como “natural”, “inmaculado”, “intocable”.

Que un alumno (compañero) pase por nuestro espacio y asuma que es completamente falso que ya está todo dicho, que ya está todo hecho, que ya está todo escrito, que sólo es un microbio, incapaz de transformar “la realidad”.

Que un alumno (compañero) pase por nuestro espacio y nunca más agache la cabeza frente a un “poderoso”.

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Hedonismo lúdico: 

Placer y juego.

Excursus.

Yapa.

Además de la presentación de los EIP (sobre el final del cuatrimestre), cada cuatro, cinco o seis clases, los estudiantes deberán compartir (con todos sus compañeros) producciones creativas de diferente índole, comúnmente denominadas “juegos”.

Éstos, sin duda alguna, configuran -en conjunto- uno de los rasgos más característicos y originales de “la cátedra abolicionista de la UBA”.

Se trata de actividades performativas (diseñadas por la secta) en las que, como se verá a continuación, se abordan -de un modo no convencional- diferentes aristas de lo que los LTF intentan comunicar a lo largo de toda la cursada.

A propósito de esto último, véase la siguiente selección.

Las “consignas” de los juegos son SECRETAS (y mutantes).

Las “consignas” no son “consignas”.

Lamentamos no poder/querer compartirlas por este medio.

 

IMPORTANTE: Por motivos estrictamente emparentados a sus propias características no hay registro alguno de juegos tales como “El lenguaje de las lombrices” y “El alegato de la manzana enfurecida”.

ACLARACIÓN: Los juegos comenzaron a ser utilizados a partir de la segunda edición.