Bakunin: crítica y acción

El individualismo:

“(…) entiendo por individualismo esa tendencia que, considerando toda la sociedad, la masa de los individuos, la de los indiferentes, la de los rivales, la de los competidores, como enemigos naturales, en una palabra, con los cuales cada uno está obligado a convivir, pero que obstruyen la ruta a cada uno, impulsa al individuo a conquistar y establecer su propio bienestar, su prosperidad, su dicha a pesar de todo el mundo, en detrimento y a espaldas de los demás. En una carrera alocada, un sálvese quien pueda general en que cada uno intenta ser el primero. ¡Ay los débiles que se paran, quedan rezagados! ¡Ay quienes, agotados, caen en el camino, enseguida los aplastan! La competencia no tiene corazón, no tiene piedad. (…) El estado, que, dicen, es el representante y el vaticinador de la justicia, no impide la perpetuación de esos crímenes, los perpetua y los legaliza, al contrario. Lo que él representa, lo defiende, no es la justicia humana, la justicia jurídica, que no es otra cosa que la consagración del triunfo de los fuertes sobre los débiles, de los ricos sobre los pobres. El estado sólo exige una cosa: que todos esos crímenes se cumplan legalmente. Puedo arruinarlos, aplastarlos, matarlos, pero debo hacerlo cumpliendo las leyes. De otro modo seria declarado criminal y tratado como tal. Tal es el sentido de este principio, de esta palabra, el individualismo”.

“(la economía burguesa) quiere el disfrute aislado de los individuos. Pero ¿de qué individuos? ¿Será de todos? ¡Oh no, de ninguna manera! Quiere el disfrute de los fuertes, de los inteligentes, de los hábiles, de los dichosos sobre todo! ¡Ah sí, de los dichosos sobre todo! Porque su organización social, y conforme a esa ley de herencia que es su fundamento principal, nace una minoría de individuos más o menos ricos, felices y millones de seres humanos desheredados, desgraciados. Después la sociedad burguesa dice a todos esos individuos: luchen, dispútense el premio, el bienestar, la riqueza, el poder político. Felices serán los vencedores. ¿Habrá por lo menos igualdad en esta lucha fratricida? No, de ningún  modo. Unos, el pequeño número, están sumamente armados; fortalecidos por la instrucción y la riqueza heredada, y los millones de hombres pueblo se presentan en la arena casi desnudos, con su ignorancia y su miseria igualmente heredada. ¿Cuál es el resultado necesario de esa competencia llamada libre? Sucumbe el pueblo, la burguesía triunfa, y el proletario encadenado está obligado a trabajar como un presidiario por su eterno vencedor, el burgués”

La disciplina de las organizaciones:

“por enemigo que sea de lo que llaman en Francia la disciplina, reconozco sin embargo que cierta disciplina, no automática, sino voluntaria y reflexionada, combinándose perfectamente con la libertad de los individuos, fue y será necesaria, siempre que muchos individuos, unidos libremente, emprendan un trabajo o una acción colectiva cualquiera. Esa disciplina sólo es, entonces, nada más que la concordancia voluntaria y reflexionada de todos los esfuerzos individuales hacia un fin común. En el momento de la acción, en medio de la lucha, se dividen los papeles naturalmente, de acuerdo con las aptitudes de cada uno, apreciadas y juzgadas por la colectividad entera: unos dirigen y mandan, otros ejecutan órdenes. Pero ninguna función se petrifica, ni se fija y no queda irrevocablemente apegada a ninguna persona. El escalafón y el ascenso jerárquico no existen, de modo que el comandante de ayer puede ser subalterno hoy en día. Ninguno se alza encima de los demás, o si se eleva, es sólo para caer un instante después, como las olas del mar, regresando a un nivel saludable de la igualdad. En este sistema, ya no hay de hecho poder. El poder se funde en la colectividad, y resulta la expresión sincera de la libertad de cada uno, la realización fiel y sincera de todos; obedeciendo cada uno porque el jefe de un día solo manda lo que el mismo desea”.

Mikjail Bakunin

Selección: Bruno Ferro

Fotografía original: Hiroshi Sugimoto

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