Consentidos

No otra cosa sino eso:

éramos niños

y entré al baño

 

Ella tenía cuatro

y yo, cinco;

la vida, dura como el tigre en la leche

o la lámpara de hojas en el frío

 

mamá había llenado de agua la bañera

y también la había adornado con barcos y aviones.

Todo flotaba en las burbujas;

los azulejos, empañados,

tu sonrisa de nena pícara

mi erección, confusa,

mis                                         pulgares                                 oponibles

 

uno a uno

 

nos mojábamos con la puerta cerrada

y ninguno advertía su desnudez ínfima

 

ella no sabía que, lenta, su concha se abría

yo no sabía que, lentos, mis dedos acudían

ninguno advertía

que tener cuatro años son quinientos mil pulpos en un círculo de tiza

ninguno adivinaba

que acusar cinco años son ramajes de bebés masacrados en una autopista

 

corrí los barquitos, saqué los aviones

y le metí un dedo

su líquido locuaz, su pantano de infancia

en la boca de mi balbuceo

y fue el otro dedo, más torpe, adentrándose

y ella lanzó su risa

y se hizo pis

 

mamá abrió la puerta,

curiosa de azulejos,

y nos retó por compromiso

mientras el halo hermoso del meo doraba barcos y aviones.

 

Víctor Dupont

Fotografía: Miwa Yanagi

LTF. Abolicionismo de la cultura represiva

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