Dialéctica de lo maravilloso

Oposición del mundo convencional al mundo maravilloso

Vivimos en un mundo mágico, pero hemos perdido la capacidad de verlo. Desde temprano se nos enseña a construir una realidad convencional, se nos imparten normas de vida convencionales, detrás de las cuales se oculta lo verdadero que nos rodea. Lo maravilloso habita el mundo circundante, está al alcance de nuestras manos pero no podemos verlo: nos lo impiden el cúmulo de inhibiciones que constituyen el mundo convencional. Se establece así la oposición entre ambos mundos: el convencional y el maravilloso, que se traduce por una lucha enconada en el terreno de la sociedad y del individuo mismo. Lo maravilloso, al orientarnos hacia lo desconocido significa el riesgo, la incertidumbre, la inseguridad. Lo convencional, en cambio, al limitarnos, al trazarnos rumbos, nos da seguridad. Ambos representan, pues, visiones opuestas y en lucha permanente. El mundo convencional ha organizado la realidad para el vivir cotidiano sobre la base de la seguridad, de la eliminación del riesgo, la incertidumbre y lo fortuito: para lograrlo, encierra al hombre en una jaula a cuyos monótonos decorados llama mundo real y designa con el nombre de libertad la posibilidad de moverse dentro de sus estrechos límites. El principio de lo convencional invade todos los terrenos, incluso el de lo maravilloso, y utiliza para sus fines el mecanismo de petrificación. Procede en el dominio del conocimiento petrificando las hipótesis y entonces las transforma en dogmas, y en el dominio de lo maravilloso petrificado los mitos con los que obtiene la religión.

Así el mundo convencional, al intentar dar una seguridad al mayor número de seres, al congelar el fluir inagotable del conocimiento y de la creación del hombre, se convierte en el mayor enemigo de lo maravilloso. Situado en ese mundo convencional transcurre la existencia del hombre, en la cual todo está previsto, salvo la incertidumbre por el propio subsistir. Se traslada lo incierto al plano angustioso de la lucha por la vida y cierran al hombre todas las rutas de la imaginación. La consigna del mundo convencional es subsistir a cualquier precio y así adquiere el derecho a una vida sórdida. Pierre Mabille ha expresado agudamente la urgencia de fugarse en lo maravilloso: “El hombre quiere ser sustraído a las condiciones sórdidas de la vida cotidiana para ser transportado a un mundo tallado a la medida de sus deseos”.

En verdad la idea de fuga de la realidad no es la que expresa exactamente el impulso de lo maravilloso; éste es un movimiento positivo, su mecanismo es natural en el hombre y se lo encuentra en toda su pureza en el niño y el primitivo. La imposición de lo convencional aparece gradualmente y empuña para dominar, la necesidad de subsistir. Se establece entonces la lucha entre la vida sórdida y la vida maravillosa; la inseguridad que significa esta última doblega paulatinamente al hombre, que llega en distintas épocas a una autodestrucción de lo maravilloso. En el artista, el revolucionario, el hombre de ideales, suele observarse este proceso. Giorgio de Chirico, explorador en su juventud, de lo maravilloso, renuncia y abomina de él más tarde. El mismo camino han seguido muchos revolucionarios convertidos en reaccionarios. Otros individuos, ahogados por la sordidez de lo convencional, han seguido el camino opuesto y un día han sacudido su mundo cotidiano para sumergirse en lo maravilloso: es el caso de Gauguin. Lograr la conservación del mecanismo de lo maravilloso desde la niñez hasta la edad madura representa una de las luchas más cruentas en la existencia del hombre. El individuo común abandona inmediatamente sin lucha, el hombre de excepción, entre los que resalta el artista, trata de escapar perseguido por toda la sociedad. En esa fuga utiliza todos los subterfugios, cuando en la lucha directa peligra su existencia. Otras veces lo vence la miseria, la locura, el suicidio, castigos que utiliza la sociedad contra el audaz que persiste en el sueño de todo ser humano hacia su plena realización.

La ocultación de lo maravilloso ha sido el recurso habitual utilizado por el hombre. Así surgieron las doctrinas secretas, las sectas ocultas, la enseñanza hermética. Pero la lucha contra el mundo convencional, ha sido más directa en muchos casos. Generalmente ha tomado la forma del humor, desarrollando entonces su más aguda agresividad. En Swift, en Lautréamont, en Kafka, se encuentran esquematizados estos distintos tipos de humor agrio, revelación de la lucha contra la realidad convencional en la que enarbolan su haz de sueños, sus deseos de un mundo mejor. En el curso de la primera guerra mundial apareció en Zurich el primer movimiento organizado en contra de la realidad convencional, se llamó movimiento Dadá y sus consecuencias fueron fecundas, en muchos sentidos, en pro de una liberación del hombre. De él surgió el surrealismo, que además de la posición negadora de lo convencional, tomó una posición positiva de defensa de lo maravilloso. Paralelamente al surrealismo otros grupos de artistas sufrieron fecundamente la influencia de Dadá.

En filosofía la lucha más violenta contra el mundo convencional fue conducida por Nietszche.

Aldo Pellegrini

Fotografía original: Man Ray

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