Feminismos, machismos y patriarcado

El (los) feminismo (s) y algunas de sus múltiples fachadas represivas

El feminismo y su lógica binaria.

El feminismo y su otredad/identidad.

El feminismo dicotómico.

El feminismo de “lo femenino vs. lo masculino”.

El feminismo que cree en la existencia de “lo femenino”.

El feminismo que cree en la existencia de “lo masculino”.

El feminismo legitimador de “roles”.

El feminismo que cree en la existencia de “las mujeres”, como algo pasible de ser homogeneizado.

El feminismo determinista.

El feminismo esencialista.

El feminismo y su mujer/naturaleza.

El feminismo “ser mujer”.

El feminismo colectivo/“ser mujer”.

El feminismo biología.

El feminismo genitalidad.

El feminismo que olvida que el mero hecho de “haber nacido con  tetas y concha y no con pija” -en sí mismo y por sí solo- no representa absolutamente nada.

El feminismo que apuntala/afianza/consolida una suerte de falso antagonismo entre las categorías “sexo” y “género”.

El feminismo que ignora que “el sexo, por definición, siempre ha sido género”.[1]

El feminismo “no se nace mujer se llega a serlo” y su interpretación/reinterpretación también determinista (“culturalmente determinista”, pero determinista al fin).

El feminismo que, pese a hallarse fuertemente influenciado por cierto socioconstruccionismo hermenéutico, pervive/subsiste/permanece “demasiado” aferrado a la cosmovisión identitaria del verbo “ser” y sus inquebrantables condicionamientos intrínsecos.

Porque el verbo “ser” SIEMPRE disciplina (incluso conjugado como categoría potencial). Porque mejor “no ser”, porque mejor “ser a veces (y sólo a veces)”, porque mejor “ser siendo”.

Porque “ser siendo” no es lo mismo que “ser”.

Porque la lógica binaria sólo se destruye con “gerundios”.

Porque “el ser”, cual identidad estática, es una técnica de disciplinamiento. Porque las identidades estáticas son encierros.

Porque decirte “vos sos mujer” es una forma de disciplinarte. Porque decirte “vos sos mujer” es una jaula.

El feminismo rígido.

El feminismo/dogma.

El feminismo/ley.

El feminismo normalizado.

El feminismo del “feminismonómetro”.

El feminismo “vos SÍ sos feminista, vos NO sos feminista”.

El feminismo “esto ES feminista, esto NO ES feminista”.

El feminismo “MOVIMIENTO” sin movimiento.

El feminismo que -consciente del trasfondo ideológico/político de las palabras- controvierte la forma masculina de los plurales genéricos (propios de nuestro idioma) recurriendo a arrobas, equis, asteriscos, etc., pero que nada dice –por ejemplo- acerca de la raíz etimológica (profundamente machista) de la palabra “femenino”, y por ende, de la palabra “feminismo”.

Femouris, fémur, muslos. Muslos atractivos “para satisfacer al hombre”. O, en su defecto, femme, senos. Senos confortables “para amamantar la descendencia del hombre”. O, última opción: femina, fevus, fecundación. Fecundación herramienta/instrumento “para perpetuar la especie y con ella, el statu quo (statu quo en el que, por supuesto, mandan los hombres)”.

El feminismo incapaz de advertir que el lenguaje en general, y muy especialmente el “castellano”, es un instrumento excluyente, represivo, regresivo, opresor, totalitario, impuesto verticalmente por la autoridad.

El feminismo incapaz de advertir que el lenguaje en general, y muy especialmente el “castellano”, es “sexista”, pero también racista, también clasista, también xenófobo, también antianormalidad.

El feminismo incapaz de advertir que el lenguaje en general, y muy especialmente el  “castellano”, es un gran (¿“el gran”?) especialista en construir normalidades, naturalidades, habitualidades, oficialidad.

Porque el castellano además de invisibilizar a “las mujeres”, mientras ensalza a la aristocracia al considerar que la palabra “noble” es un adjetivo elogioso, estigmatiza la resistencia política/ideológica y/o el pensamiento/comportamiento no lineal y/o no funcional al orden establecido, dándole alcances/significados peyorativos a palabras tales como “cinismo”, “sofisma”, “anarquía”, “barbarie”, “quilombo”, “surreal”, “perverso”, “subversivo”, “obsceno”, “nefasto”, etc.[2]

Porque “castellano” tiene la misma raíz etimológica que “castigo” (y el “castigo” -como “modo de vida”- se naturaliza con cada una de nuestras palabras).

Porque “castellano” tiene la misma raíz etimológica que “castidad” (y cogemos con culpa).

Porque “castellano” tiene la misma raíz etimológica que  “castillo” (y envidiamos a los ricos y sus mansiones monumentales).

Porque el “castellano” es, ni más ni menos que, la lengua del conquistador.

El feminismo incapaz de advertir que el lenguaje impuesto como “EL” lenguaje es siempre “lenguaje colonizador”; un instrumento vital para el cumplimiento -sin fisuras- del “contrato social” (que no firmamos), del que estamos obligados a hacer uso si lo que pretendemos es algo tan elemental como “ser entendidos” (entendidos por un “otro” igual de obligado que “nosotros” a participar activa, y muchas veces inercialmente, de semejante trampa).

El feminismo demasiado preocupado en la representación de los intereses de las “mujeres blancas y heterosexuales”.

El feminismo demasiado preocupado en la justificación de la explotación de las mujeres “no blancas” y “no heterosexuales”, perpetrada –en buena parte- por las “mujeres blancas y heterosexuales”.

El feminismo “clase media”.

El feminismo burgués.

El feminismo que sólo habla por slogans.

El feminismo/moda.

El feminismo/banalización.

El feminismo del cartel del “ni una menos”.

El feminismo del cartel del “ni una menos” en las manos de Daniel Osvaldo.

El feminismo “políticamente correcto”.

El feminismo light.

El feminismo ingenuo.

El feminismo que no advierte (ignora/subestima) las trampas de la masividad. Las trampas de la mercantilización de la política. Las trampas de la mercantilización de la transgresión. Las trampas de la espectacularización de la transgresión.

El feminismo punitivo.

El feminismo “tolerancia cero”.

El feminismo que olvida la matriz ideológica en la que se apoya la consigna “tolerancia cero”.

El feminismo Richard Nixon, Ronald Reagan, “ventanas rotas”.

El feminismo Rudolph Giuliani, William Bratton, Nueva York.

El feminismo reaccionario.

El feminismo “mano dura”.

El feminismo “femicidio”.

El feminismo promotor de “nuevos tipos penales”.

El feminismo promotor de “nuevas páginas para el código penal”.[3]

El feminismo que adora, exalta y reivindica el sistema penal (el mismo sistema penal que -desde sus orígenes más remotos- no hizo otra cosa que masacrar mujeres; muchas más mujeres que las masacradas por la suma de todos los asesinos de mujeres de la historia; muchas más mujeres que las masacradas por la suma de todos los femicidas de la historia).

El feminismo que adora, exalta y reivindica el sistema penal y con ello –y a partir de ello- adora, exalta y reivindica el exterminio de brujas, el Malleus Malleficarum, las teorías positivistas de Gina Lombroso, el histórico ensañamiento del aparato represivo para con las mujeres y/o el discurso misógino patrológico latino en el que hallan central fundamento el sistema penitenciario, el sistema judicial, las fuerzas de seguridad y todas y cada una de las agencias del sistema penal.

El feminismo que olvida que el sistema penal es una de las representaciones más iconográficas de la cultura represiva.

El feminismo que olvida que el sistema penal es una de las representaciones más iconográficas de la cultura represiva, cual síntesis material de las dos tradiciones ideológicas más influyentes para nuestro devenir existencial contemporáneo: el monoteísmo religioso judeocristiano y las filosofías helénico-latinas con pretensión universal (y/o universalista).

El feminismo que desconoce (y/o subestima) el componente profundamente bíblico del sistema penal.

El feminismo que desconoce (y/o subestima) el componente profundamente platónico/aristotélico del sistema penal.

Porque dios es hombre, no mujer. Porque la mujer es costilla. Porque la mujer es impura. Porque la mujer es traidora. Porque la mujer es manipuladora. Porque la mujer es “débil mental”. Porque la mujer violada debe ser apedreada. Porque si fuiste violada “por algo será”. Porque la mujer fue castigada por dios, por inducir al “pecado” al hombre. Porque el génesis lo anuncia sin eufemismos: “sentirás atracción por tu marido y él te dominará”.

Porque existe el delito como categoría “ideal”, porque existen “los delincuentes” como categoría ideal. Porque existe la objetividad. Porque existe la episteme. Porque existen “los (las) especialistas”. Porque existe la lógica. Porque ante la infinita multiplicidad característica de los conflictos interpersonales etiquetados como “delitos”, se priorizan las “sentencias absolutas” y se desechan los matices. Porque existen mil quinientas conductas categorizadas como “delitos” y el sistema penal nos aporta para todas ellas una única respuesta (la cárcel), cual silogismo categórico, cual reduccionismo feroz.

Porque Platón y Aristóteles son Platón y Aristóteles por haber sido 100% funcionales a la lógica represiva de las religiones dominantes.

Porque no hay policía más policía que dios.

Porque no hay policía más policía que Platón y Aristóteles.

El feminismo demasiado concentrado en la reivindicación de derechos. De derechos para pertenecer al Estado de Derecho. De derechos para pertenecer al Estado de Derecho, principal garante institucional contemporáneo del patriarcado y el machismo (y su orden/regimen normativo).

El feminismo demasiado concentrado en la lucha por la igualdad, que olvida/ignora/no reconoce que “igualar” (muchas veces) sólo supone “legitimar”.

El feminismo que cree en la mano salvadora de “la clase política”.

El feminismo que recurre a una ley para evitar el acoso.

El feminismo que cree que cualquier acercamiento callejero es acoso.

El feminismo que cree que cualquier conflicto violento protagonizado por un hombre y una mujer es “violencia machista” o “violencia de género”.

El feminismo/estado de emergencia.

El feminismo/campaña de miedo generadora de miedo.

El feminismo/paranoia colectiva.

El feminismo que olvida que la emergencia, el miedo y la paranoia colectiva fueron los recursos (discursos) más eficaces a los que apeló el aparato represivo (históricamente) cada vez que intentó multiplicarse.

El feminismo de Simone de Beauvoir, fingiendo en sociedad disfrutar del “amor libre”, pero padeciendo en soledad la opresión/dominación del “macho” Jean Paul Sartre y sus caprichos/pulsiones/antojos/deseos eróticos.[4]

El feminismo/hipocresía.

El feminismo que cree en la cosificación del cuerpo.

Como Pablo de Tarso.

El feminismo que cree en la sacralización del cuerpo.

Como Pablo de Tarso.

El feminismo “no te arregles”.

El feminismo “no te maquilles”.

El feminismo “no te produzcas, no te cuides”.

El feminismo que suena terriblemente parecido a San Ambrosio de Milán en el “Tratado de las Vírgenes”:

“Las mujeres que adornan sus cuerpos a manera de ídolos, para agradar a los hombres, se envilecen ante los mismos que desean complacer”; “Adornan la garganta con vistosos collares, cuelgan de las orejas  brillantes pendientes, se pintan las mejillas con vivos y llamativos colores, visten su talle con ricas telas y se embalsaman con variedad de perfumes, de manera que apenas luce algo de su ´natural´ a través de semejantes disfraces, creyendo las infelices que así aumentan su belleza, cuando la verdad es que la estropean horriblemente, haciéndose repulsivas. Porque, ¿quién gustará de esta hermosura postiza y falsificada?”.[5]

El feminismo del “si te arreglas, si te maquillas, si te producís, si te cuidás, estás cediendo (y/o estás mostrando debilidad) ante los mandatos estructurales del patriarcado”.

El feminismo que te inserta culpa si un día decidiste “verte (sentirte, mostrarte, reivindicarte) linda”.

El feminismo que, como Pablo de Tarso y San Ambrosio de Milán, aún no se enteró que las mujeres que se arreglan, se maquillan, se producen, se cuidan, no necesariamente lo hacen para satisfacer a un hombre en particular o a “los hombres” como sujeto colectivo.

El feminismo que, como Pablo de Tarso y San Ambrosio de Milán, aún no se enteró que si vamos a ser estrictos en materia de falsificaciones estético-culturales la única alternativa relativamente viable es la total desnudez, o –mejor aún- la vegetalidad consciente, la vegetalidad como modo de existencia. Porque cortarse las uñas es tan antinatural como maquillarse. Porque cortarse el pelo es tan antinatural como una prótesis mamaria. Porque bañarse con jabón es tan antinatural como perfumarse.

El feminismo que, como Platón, cree que “el cuerpo” es menos importante que “el alma” (la mente, la razón, el espíritu).

El feminismo que glorifica a Platón y repite, cual mandato irrefutable, que el hombre “realmente interesado en una mujer, debe mirarla a los ojos, no a sus tetas”.

El feminismo que afirma que “mirarle las tetas a una mujer es faltarle el respeto”.

El feminismo que afirma “quereme por mi interior, no por lo que ves”, “a las mujeres hay que quererlas por su esencia, no por su apariencia”, “las mujeres somos mucho más que un mero envase, que un mero pedazo de carne”.

El feminismo que afirma que “todo lo que se ve es efímero y todo lo que no se ve, trascendente”.  

El feminismo que cree que “los ojos son el reflejo del alma”.

El feminismo dueño de un “ranking (lista/inventario) de partes del cuerpo dignas de ser exhibidas y partes del cuerpo que se deben ocultar”.

El feminismo que está convencido que los ojos son más importantes que las tetas.

El feminismo/uniforme.

El feminismo uniformado.

El feminismo que se guetifica.

El feminismo intramaltratador.

El feminismo que no tolera diferencias ideológicas puertas adentro de la militancia feminista.

El feminismo que escribe “muerte a la pija”.

El feminismo que no comprende la metáfora del “muerte a la pija” y/o que entiende que “muerte a la pija” no es una metáfora.

El feminismo que cree que “el pueblo elegido” de la revolución antipatriarcal son las lesbianas.

El feminismo que cree que “sólo en un mundo de lesbianas las mujeres serán libres”.[6]

El feminismo que cree que toda relación heterosexual es una forma de dominación y que las mujeres sólo pueden tener relaciones no opresivas desde el lesbianismo.[7]

El feminismo que afirma que todas las mujeres “son lesbianas en potencia”. [8]

El feminismo que aconseja abandonar la heterosexualidad, ya no por placer, sino como “decisión política”.[9] [10]

El feminismo que, en plena crisis del sida, durante la década del ochenta, hizo campaña a favor del lesbianismo, aduciendo que las lesbianas eran el colectivo más protegido frente al tremendo avance de esta enfermedad.

El feminismo que promueve abiertamente la hipótesis de la necesaria existencia de una “nación (comunidad) lesbiana”.[11]

El feminismo que promueve abiertamente la hipótesis de un “movimiento lesbofeminista” completamente enemistado con las “mujeres feministas heterosexuales” y, muy especialmente, con los “hombres homosexuales”. [12] [13]

El feminismo que sueña con materializar en la tierra una suerte de “heroica lucha armada” entre mujeres/amazonas y hombres.[14]

El feminismo que sueña con materializar en la tierra una suerte de pacífica “sociedad utópica”, compuesta exclusivamente por mujeres.[15]

El feminismo que afirma que los travestis “son el patriarcado disfrazado”.

El feminismo SCUM de Valerie Solanas.

El feminismo exegeta del Manifiesto SCUM de Valerie Solanas.

El feminismo que se toma demasiado “en serio” el Manifiesto SCUM de Valerie Solanas.[16]

El feminismo “genocidio de hombres”.

El feminismo “reproducción/laboratorio”.

El feminismo “el macho es una mujer inacabada”.[17]

El feminismo Aristóteles a la inversa.[18]

El feminismo “el macho es un accidente biológico”.[19]

El feminismo Santo Tomás de Aquino a la inversa.[20]

El feminismo “llamar animal a un hombre es halagarlo demasiado: es una máquina, un consolador ambulante”.[21]

El feminismo separatista radical que propone que los niños varones no ingresen en las guarderías feministas.

El feminismo que sólo quiere leer “obras escritas por mujeres”.

El feminismo que cuestiona a las propias feministas que pretenden “teorizar el feminismo” recurriendo -para ello- a reflexiones formuladas por hombres.[22]

El feminismo/abstinencia.

El feminismo/ascetismo.

El feminismo/asexual.

El feminismo anticlímax.[23]

El feminismo profundamente conservador que, incómodo frente al goce, afirma que el feminismo como movimiento político tiene (o debería tener) “propósitos más elevados que el sexo”.[24]

El feminismo de Ti-Grace Atkinson proclamando que “todo lo sexual es reaccionario”.

El feminismo “manual de buenas prácticas sexuales”.

El feminismo que se reconoce a sí mismo capaz de dictaminar exactamente cómo debe (y cómo no debe) coger una “buena militante feminista”, o -de manera aún más invasiva- cómo puede (y cómo no puede) gozar una “buena militante feminista”.[25]

El feminismo que afirma que sólo habrá lugar para el “placer real” cuando desaparezca el patriarcado.

El feminismo que se cree capaz de definir qué es el “placer real”.

El feminismo incapaz de visualizar que uno de los grandes enemigos del patriarcado es el placer y que, por ello, sentir placer (en cualquiera de sus formas) es profunda y radicalmente antipatriarcal.

El feminismo abolicionista de la prostitución.[26] Pacato. Moralista. Intolerante.

El feminismo abolicionista de la prostitución que cree que la prostitución es una mera consecuencia del patriarcado.

El feminismo abolicionista de la prostitución que olvida/ignora/invisibiliza, por ejemplo, la prepatriarcal prostitución sagrada babilónica.

El feminismo abolicionista de la prostitución que olvida/ignora/invisibiliza el particular ensañamiento del monoteísmo hebreo para con todas las prácticas religiosas que pudieran controvertir -real o potencialmente- la hegemonía del “pueblo elegido” sobre la “tierra prometida”.

El feminismo abolicionista de la prostitución que olvida/ignora/invisibiliza que el origen de la demonización bíblica de la prostitución, determinante en lo que hace a nuestra contemporánea interpretación/valoración de esta práctica, responde más a cuestiones “geopolíticas” que “morales”.

El feminismo abolicionista de la prostitución que dice que “sin cliente no hay trata”, que los “clientes de prostitución no son clientes sino torturadores prostituyentes” y que “toda prostitución es trata de personas”.

El feminismo abolicionista de la prostitución que despega “folletines”, “avisos” y “volantes” por el centro porteño o que anuncia como “gesta épica” la prohibición del “rubro 59”.

El feminismo abolicionista de la prostitución, mesiánico, súperheroico, justiciero, salvador de la puta reprimida, salvador de la puta manipulada, salvador de la puta confundida, salvador de la puta que bajo ningún punto de vista, en el pleno ejercicio de sus cabales, puede desear ser puta; porque nadie (absolutamente nadie), en el pleno ejercicio de sus cabales, puede desear su propia humillación.

El feminismo abolicionista de la prostitución que en toda prostitución ve una humillación, que en toda puta ve una mujer humillada.

“No vendemos nuestro cuerpo. Vendemos nuestra falta de madre, nuestra falta de padre, nuestra falta de hermanos, nuestra falta de hermanas. Pararse para hacerse visible no es fácil, porque una mejor que nadie sabe que no es una mercancía, si lo que vendemos nosotras es lo que no fuimos a la escuela, es lo que no nos apoyaron para ir a la universidad, es lo que no nos dieron el trabajo. No nos compran la boca, la vagina o las tetas, nos compran el derecho de humillarnos, nos compran la penetración de un pene, nos compran la eyaculación de un pene de un macho decadente”.[27]

El feminismo abolicionista de la prostitución que anula los matices.

El feminismo abolicionista de la prostitución incapaz de comprender la singularidad del placer del otro, el deseo, la transgresión, la fantasía, el erotismo o, cuanto menos, su mera elección fríamente calculada.

El feminismo abolicionista de la prostitución que olvida que trabajar en un banco ocho horas puede ser individualmente subjetivado como algo mucho más degradante que coger con diez o doce personas diferentes en un mismo día.

El feminismo abolicionista de la prostitución que cuantifica la humillación, el asco, la degradación.

El feminismo abolicionista de la prostitución que pone a “la concha” en un altar o que afirma que a la mujer no puta el consumidor de putas no le pide las mismas cosas que a la mujer puta o que afirma que la mujer no puta jamás haría las cosas que sí hace (y se ve obligada a hacer) la mujer puta.

El feminismo abolicionista de la prostitución que cree que existe “la mujer no puta” y “la mujer puta”.

El feminismo que odia la pornografía.

El feminismo que brega por la censura de toda pornografía.

El feminismo que ve en la lucha por la censura de toda pornografía el quid, la esencia, el núcleo medular de la militancia feminista.

El feminismo que afirma que “la pornografía es el fascismo de la democracia”.[28]

El feminismo que afirma que la pornografía es un atentado contra “nuestra humanidad”.[29]

El feminismo que reza que “la pornografía es la teoría y la violación, la práctica”.[30]

El feminismo que en toda actriz porno ve una mujer humillada.[31]

El feminismo que olvida que pocas cosas son tan diversas (y/o potencialmente diversas) como la pornografía.

El feminismo que nunca interactuó con un “buscador” de página web porno.

El feminismo que confunde “pornografía” con “industria pornográfica” o con cierta “industria pornográfica” dedicada -pura y exclusivamente- a reproducir (potenciar) categorías estéticas dominantes y/o estereotípicas.

El feminismo que intenta sacarle a la teta su carga simbólica sexual.

El feminismo erudito, elitista y sobreactuadamente incomprensible.

El feminismo catedrático.

El feminismo catedral.

El feminismo demasiado vinculado a la academia.

El feminismo que sólo sabe comunicar desde la academia.

El feminismo que olvida la raíz profundamente machista de la academia.

El feminismo que olvida que la academia es un invento de Platón.

El feminismo de Judith Butler, frente a una academia, “escandalizándose” ante la súbita presencia de una manifestante universitaria “en bombacha”.[32]

El feminismo “posmoderno” que prescinde (voluntaria o involuntariamente) de la dimensión material subyacente en toda relación opresiva.

El feminismo king kong y sus reduccionismos constantes.

El feminismo king kong y su notable afición por las sentencias absolutas.

El feminismo king kong y su notable afición por las verdades/revelaciones oraculares:

  1. Las mujeres tienen mayor tendencia al masoquismo que los hombres.[33]
  2. La mayoría de las mujeres fantasean con la idea de ser violadas, situación que, al momento de materializarse una eventual violación, hace que se sientan culpables e incluso co-responsables del abuso padecido.[34]
  3. La violación es algo propio de los hombres.[35]
  4. Los hombres huelen a las “mujeres violadas”, lo que les genera deseos de violarlas otra vez. [36]

El feminismo que define al sadomasoquismo como “el culto erótico del fascismo”,[37] que ve en el sadomasoquismo una práctica de “dominación” (sometimiento corporal) inaceptable.

El feminismo incapaz de visualizar al sadomasoquismo como un “juego sexual consensuado” y/o una “práctica sexual deliberada”.

El feminismo incapaz de visualizar la elemental diferencia entre dar y/o recibir golpes en un contexto de goce sexual y dar y/o recibir golpes en cualquier otra circunstancia.

El feminismo incapaz de comprender que una misma persona puede, por un lado, pedir a los gritos ser maltratada en una habitación de hotel alojamiento y, por el otro, mostrarse radicalmente intransigente ante el primer evento violento (o presumiblemente violento), que tenga lugar -real o potencialmente- en su trabajo, su familia, la universidad, la calle o cualquier otro contexto, ajeno al convenio sexual sadomasoquista del que es (fue/será) parte –siempre voluntariamente-.

El feminismo que se posiciona frente a “las violaciones” como una categoría general.

El feminismo que se posiciona frente a “los violadores” como una categoría general.

El feminismo que cree que existe “el violador” como categoría universal.

El feminismo que pretende decirnos que existe un violador prototípico.

El feminismo que afirma que la violación es un “crimen de poder” (¿cuál violación?); que los violadores son “los sujetos más morales de todos” (¿qué violadores?); que a través de la violación el violador intenta moralizar a la víctima (¿qué violador, qué víctima?).[38]

El feminismo que, con vocación de “verdad” y desde el solemne pedestal de los saberes irrefutables, afirma que “las agresiones por medios sexuales no las origina el deseo del macho alfa hacia las mujeres, sino un tipo de aspiración del macho alfa por pertenecer a la corporación masculina”.[39]

El feminismo, otra vez, platónico.

El feminismo que descalifica posiciones “alternativas” diciendo cosas tales como “nosotras las estudiosas” decimos X, por ende (las/los) que no son “nosotras”, los otros, las otras, dicen Y (y/o “-X”) porque no son tan estudiosos (estudiosas) como “nosotras”.

El feminismo, otra vez, platónico.

El feminismo que afirma que sólo pueden hablar de/referirse a/opinar sobre un tema determinado aquellas personas que lo hayan vivido/padecido/experimentado en carne propia.

El feminismo que, a partir de lo dicho, nunca más va a poder hablar de/referirse a/opinar sobre la llegada de Cristóbal Colón al continente americano.

El feminismo de Beatriz/Paul Preciado y su reivindicación jesuita.[40]

El feminismo queer de Beatriz/Paul Preciado, hablando de contrasexualidad, impulsando el reconocimiento de los cuerpos como entidades parlantes que deberían prescindir del binarismo propio de las categorías hombre/mujer, promoviendo “formas de placer/saber alternativas a la sexualidad moderna”, evocando a Michel Foucault,[41] mientras –en paralelo- se reivindica como jesuita.

El feminismo queer de Beatriz/Paul Preciado (evidentemente) no consciente de lo que representa -simbólica y materialmente- reivindicarse jesuita.

El feminismo queer de Beatriz/Paul Preciado (evidentemente) no consciente de lo que representan política, ideológica y, sobretodo, culturalmente, los designios dogmáticos de “la compañía de jesús”, fundada por Ignacio de Loyola en 1534.

El feminismo que se victimiza.

El feminismo de autoayuda.

El feminismo de la sororidad. De la hermana Raquel, de la madre superiora, de Sor Juana, de Sor Inés. De la hermandad de mujeres, “unidas” en el gran monasterio de la vida.

El feminismo que no profundiza.

El feminismo que no estudia.

El feminismo que no se confronta.

El feminismo seguidor.

El feminismo que olvida que tanto “la feminidad” como “la virilidad” son igual de opresivas, igual de estatizantes e igual de funcionales a la cultura represiva.

El feminismo que desconoce (o finge desconocer) que, tal cual lo afirma la propia Despentes, “los prototipos socialmente aceptados son siempre funcionales al poder” y que –de hecho- es precisamente dicha aceptación la variable material que evidencia la mentada funcionalidad.[42]

El feminismo que ve en la otredad de las mujeres una suerte de único “otro” u “otro” preferencial.

El feminismo que cree/quiere/pretende tener una suerte de hegemonía de la otredad.[43]

El feminismo que cree que “su otredad característica” es la más importante de todas las “otredades”.

El feminismo que olvida el histórico genocidio de andróginos.

El feminismo que olvida el histórico genocidio de hermafroditas.

El feminismo que subestima a los otros “otros”, que no comprende la irremediable infinitud de la otredad, que no comprende la irremediable multiplicidad de la otredad, que no comprende la irremediable heterogeneidad de la otredad, que no comprende la irremediable indefinibilidad de la otredad.

El feminismo que ignora que el patriarcado no son “los hombres”.

El feminismo que ignora que afirmar que el patriarcado son “los hombres” es patriarcal.

El feminismo que cree que la problemática central de nuestra sociedad es de género.

El feminismo que cree que con el fin del patriarcado “se terminan los problemas”.

El feminismo que evita reseñar el complejo entramado cultural que da lugar al patriarcado, lo potencia y reproduce.

El feminismo que olvida que la cultura represiva tiene como uno de sus principales manifestaciones al patriarcado pero que tranquilamente puede tener como manifestación principal al matriarcado.

El feminismo que olvida que el drama de la cultura represiva no pasa por patriarcas y/o matriarcas sino por cierta “lógica de la verdad”, segregacionista, que autoriza a exterminar al diferente, a partir de la creencia en algo único y verticalmente superior.

El feminismo que olvida que los “privilegios” de género, de clase, de raza, etc. son estricta consecuencia de esta “lógica de la verdad”, segregacionista, que autoriza a exterminar al diferente, a partir de la creencia en algo único y verticalmente superior.

El feminismo que cree que sólo se puede atacar al patriarcado desde el feminismo.

El feminismo que cree que sólo se puede atacar el machismo desde el feminismo.

El feminismo que cree que todos los que no son feministas son machistas.

El feminismo que niega el componente machista y profundamente patriarcal del feminismo.

Maxi Postay (Soda Cáustica, Ediciones Aula 28)

LTF. Abolicionismo de la cultura represiva.

Diseño original: LTF

[1] BUTLER, J., El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, Paidós, Buenos Aires, 2016, p. 57 (Versión original, 1990).

[2] Los cínicos y los sofistas, pensadores contrarios a Platón (filósofo hegemónico); anarquía como sinónimo de caos; los bárbaros, los extranjeros; el quilombo como desorden, obviando el elemento “resistencia antiesclavista brasileña”; surreal como sinónimo de “increíble” o “delirante”, obviando el elemento político/poético del surrealismo; perverso, subversivo, obsceno, la contra versión, la versión subterránea o lo que está fuera de escena (la versión y la escena, como “historia oficial”); nefasto, aquel que carece de fé.

[3] https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-207885-2012-11-15.html

[4] ROWLEY, H., Sartre y Beauvoir. La historia de una pareja, Lumen, Buenos Aires, 2006

[5] Citas textuales de la obra escrita hacia el año 377 d.c. por San Ambrosio de Milán (de acuerdo a la versión en español que en el año 2007, en Buenos Aires, Argentina, hizo circular la editorial Lumen).

[6] JEFFREYS, S., La herejía lesbiana. Una perspectiva de la revolución sexual femenina, Cátedra, Madrid, 1996 (Versión original, 1993).

[7] Adrianne Rich, en “La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana” (artículo originalmente publicado en diciembre de 1980 en la Revista Signs –Journal of women in culture and society) sostiene, por ejemplo, que el sexo heterosexual debilita a las mujeres en lo que respecta a su militancia feminista, por lo que resulta prioritario prescindir absolutamente de él.

[8] Y otra vez, el determinismo…

[9] JEFFREYS, S., op.cit.

[10] Véase, entre otros documentos, el manifiesto “La mujer identificada con la mujer”, escrito en 1970, por el grupo feminista radical “La amenaza lavanda”.

[11] ZIMMENNAN, B., The Safe Sea of Women. Lesbian Fiction 1969-1989, Beacon Press, Boston, 1990

[12] HAWTHORNE, S., “In Defence of Separatism”, en Sneja Gunew (comp.), A Reader in Feminist Knowledge, Routledge, Londres y Nueva York, 1991

[13] FRYE, M., “Lesbian Feminism and the Gay Rights Movement: Another View of Male Supremacy, Another Separatism”, en The Potitics of Reality, The Crossing Press, Nueva York, 1983.

[14] A tal fin, véase “Las guerrilleras”, novela publicada por Monique Wittig en 1969.

[15] En este sentido, adviértase lo planteado, en 1984, por la escritora colombiana Albalucía Ángel, en la novela “Las andariegas”.

[16] Manifiesto escrito en 1967, publicado en 1968, año en el que Solanas atentó –sin éxito- contra la vida de Andy Warhol. Dicho texto (en no más de treinta páginas), además de promover el exterminio total de los hombres, incita el uso de la violencia callejera contra las parejas mixtas (hombre-mujer), la implementación de “sesiones miérdicas” (suerte de asambleas SCUM en las que los hombres deben repetir en voz alta la frase “soy una mierda”), la instalación de “centros suicidas vecinales” para hombres, entre otras “excentricidades”.

[17] Manifiesto SCUM.

[18] Aristóteles: “La mujer es mujer en virtud de cierta falta de cualidades. Debemos considerar el carácter de las mujeres como adoleciente de una imperfección natural”.

[19] Manifiesto SCUM.

[20] Santo Tomás de Aquino: “La mujer es un hombre fallido”.

[21] Manifiesto SCUM.

[22] Véase, a modo de ejemplo, el cuestionamiento que Sheila Jeffreys les hace a Judith Butler y Diana Fuss, por la utilización mayoritaria de citas de hombres (especialmente Michel Foucault, Jacques Derridá y Jacques Lacan) en la elaboración de sus trabajos más destacados. (JEFFREYS, S., “Capítulo 5: Retorno al género. El posmodernismo y la teoría lesbiana y gay”, La herejía lesbiana, Ediciones Cátedra, Madrid, 1996, pp. 147 y sigs.).

[23] JEFFREYS, S., Anticlimax, New York University Press, Nueva York, 1991

[24] FRIEDAN, B., La mística de la feminidad, Ediciones Cátedra, Madrid, 1997 (Versión original, 1963).

[25] A propósito de esto, véase cómo desde ciertos sectores feministas se pretende instalar como “verdad científica” que el único orgasmo posible para una mujer es el clitoridiano (no el vaginal, no el anal). En este sentido, resulta ilustrativo el trabajo presentado por Anne Koedt en 1969, “El mito del orgasmo vaginal”. ¿Propósito encubierto? Demostrar que a los fines de tener una relación sexual satisfactoria, el hombre es completamente prescindible y, en muchos casos, contraproducente.

[26] O “abolicionista de la cultura prostituyente”.

[27] GALINDO, M. y SÁNCHEZ, S., Ninguna mujer nace para puta, La Vaca, Buenos Aires, 2009, p. 36

[28] Véase, a modo de ejemplo, la opinión que sobre el tema tiene Catharine Mackinnon, activista y abogada feminista, oriunda de los Estados Unidos (http://elpais.com/diario/1992/06/13/sociedad/708386411_850215.html y/o MACKINNON, C., “Liberalism and the Death of Feminism”, en Dorchen Leidholdt y Janice Raymond (comps.), The Sexual Liberals and the Attack on Feminism, Pergamon, Londres, 1990

[29] WITTIG, M., El pensamiento heterosexual y otros ensayos, Egales, Barcelona, 2006 (Versión original, 1992).

[30] Idea pergeñada por Catherine Mackinnon y Andrea Dworkin, presente en el núcleo duro ideológico de la “Antipornography Civil Rights Ordinance” (propuesta impulsada por el grupo feminista WAP –Women Against Pornography- hacia el año 1983).

[31] Verbigracia, DWORKIN, A., Pornography: men possessing women, Putnam, Nueva York, 1981.

[32] Véase la primera parte del documental “Judith Butler. Filósofa en todo género”. https://www.youtube.com/watch?v=KkB8O7-jGoMhttps://www.youtube.com/watch?v=KkB8O7-jGoM

[33] DESPENTES, V., Teoría King Kong, Melusina, Madrid, 2007, p. 44 (Versión original, 2006)

[34] DESPENTES, V., op.cit., p. 45

[35] DESPENTES, V., op.cit., p. 43

[36] DESPENTES, V., op.cit., p. 42

[37] JEFFREYS, S., op.cit.

[38] Véase, como ejemplo, los análisis sobre “violadores” y “violaciones” a los que nos tiene acostumbrados Rita Segato (https://www.pagina12.com.ar/32120-con-mas-carcel-no-solucionamos-el-problema y/o SEGATO, R., Las estructuras elementales de la violencia, Prometeo, Quilmes, 2003).

[39] https://www.pagina12.com.ar/39984-femicidio-y-los-limites-de-la-formacion-juridica

[40] https://www.youtube.com/watch?v=AYmIgSrG01Y (Minuto 10:11).

[41] PRECIADO, B., Manifiesto contra-sexual, Opera Prima, Madrid, 2002

[42] DESPENTES, V., op.cit. pp. 24 y 25

[43] DE BEAUVOIR, S.,  El segundo sexo, De Bolsillo, Buenos Aires, 2015, p. 18 (Versión original, 1949).

 

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