Perón, Roca y Aristóteles contra los “indígenas”

No dejaron ni los nombres

A mi abuelo materno cuando lo bautizaron le designaron el apellido Ramos y, así, también lo hicieron con otros kollas. A muchos les sustituyeron los nombres indígenas por el apellido Cruz. Es por eso que en los padrones electorales de la región, aparecen cementerios llenos de “cruces y ramos”.

Mi abuelo había salvado su apellido Yurquina, pero le habían puesto el nombre Reymundo por el almanaque y, en el Servicio Militar, le pusieron Frites.

A propósito de los nombres indígenas, con la Ley de Amnistía de 1953, las delegaciones del Registro Civil recorrían las comunidades. Algunas de estas delegaciones pertenecían a grupos políticos nacionalistas hispanistas, que cumplían con el precepto de “no aceptar nombres que ofendan a la moral y a las buenas costumbres”, pero, sin embargo, había que aceptarles nombres de próceres aunque hayan cometido genocidio y etnocidio, como Roca, Lista y otros en lugar de los nombres indígenas.

Filtrarse para incidir

Decidí a mis 11 años, seguir la lucha. Allí me di cuenta que había que estudiar, de alguna manera, acerca de quiénes somos nosotros, los pueblos indígenas, y de dónde salieron los grupos de poder de la sociedad global. Por ello, llegué a Buenos Aires a los 14 años, un 2 de enero de 1950, como secretario del diputado nacional Alfredo Fontana, que vivía en el barrio de Caballito de la Capital Federal. Cursé los estudios primarios, secundarios y universitarios. Egresé de la Universidad de Buenos Aires como Abogado especialista en Derecho Penal. Trabajé siempre por la organización y capacitación de la dirigencia indígena, tanto en el orden local, nacional e internacional.

En 1953 estaba en Buenos Aires con el Diputado Fontana, quien mientras estaba estudiando en su biblioteca me dijo: “Eulogio Frites, mañana a las catorce horas estaremos entrevistando al señor Cacique Mapuche del Alto Río Mayo, Chubut, don Jerónimo Maliqueo. Me ha pedido el General Perón que tú, que sabes leer y escribir, lo asistas, ya que el cacique ha sido designado Director General de Protección al Aborigen. No sabe leer, pero conoce bien el derecho de ustedes, los indígenas”.

Cuando entré al despacho del director indígena Jerónimo Maliqueo, nos estrechamos en un abrazo, me pareció que era Calfucurá ese anciano de recio porte. Yo, que ya estaba aprendiendo temas de la ciencia universal para reforzar las estrategias de los pueblos indígenas, escuché que me dijo con su voz de trueno: “Estamos sellando el pacto para organizarnos y recuperar nuestros territorios, la personería jurídica y la política en poder del huinca”.

Maliqueo apenas me recibió, agradeció el aporte del Doctor Fontana y lo despidió amablemente. Pero me dijo: “Antes que nada, somos dos indios en una oficina oficial de huincas. Los blancos piensan que huinca es eso, blancos, pero en realidad quiere decir que son ladrones y estrelleros. Aquí hay secretarios técnicos-administrativos, uno por el norte del país, García Goyena, y otro por el Sur, J. C. Brignoli. Yo tengo mis reservas. Temo que el del norte sea un agente de Patrón Costas de Salta, porque, hasta hace poco, era el inspector de indios , en Ingenio San Martín del Tabacal; y el otro era inspector de estancias en la Patagonia, y temo que sea gente de los Menéndez-Behety; que hayan destruido con sus estancias a gran parte de los Onas y de los Tehuelches”.

Me quedé a trabajar ad honorem. A las quince horas me hacía presente en la puerta del Hotel de Inmigrantes y, ahí, llegaban las delegaciones de indígenas del país, quejándose por desalojos, atropellos e injusticias de todo tipo, en relación con las tierras tradicionales. El primer día de trabajo fue el día siguiente de la presentación. La primera  delegación que encontré fue la Ona que procedía de Tierra del Fuego. Se presentaron Leguizamón, Ishton, Rupattini y Garibaldi. Altos, delgados y muy serios. Les pregunté cuál era el problema que los traía allí. Y me contestaron: “Los estancieros han corrido los alambrados, quitándonos territorio de nuestra comunidad, sobre las 45.000 hectáreas que nos reconoció el Presidente Marcelo T. de Alvear en la Región Tolhuin, en 1925”.

Perón y el Malón de la Paz

Un día Maliqueo nos dijo: “Esta tarde vamos a ver al señor Presidente Perón”. Cuando eran las diecisiete horas, arribamos a la oficina del señor Presidente de la Nación, los doce jóvenes indígenas, encabezados por Jerónimo Maliqueo. Para mí fue una sorpresa. Yo admiraba a Perón, pero todavía estaba un poco enojado por haber ordenado el desalojo del Malón de la Paz del Hotel de Inmigrantes, en 1946. Resonaba en mis oídos los relatos de los que lo sufrieron.

Aquella histórica Caravana Kolla que marchó a pie desde Abra Pampa, Jujuy, hasta Buenos Aires, en 1946, para pedir la restitución de las tierras comunitarias a las comunidades de los pueblos indígenas de Salta y Jujuy.

Recibido solidariamente en cada localidad de todas las provincias, incluyendo la de Buenos Aires, estuvieron alojados  en el Hotel de Inmigrantes esperando la respuesta del Poder Ejecutivo, pero esa respuesta fue la violenta acción de la Policía Federal y la Prefectura, quienes, en medio de la noche, empujaron a todos hasta los vagones del ferrocarril, los cargaron por la fuerza y los llevaron nuevamente hasta los puntos de partida de Abra Pampa y de Humahuaca

De las fuerzas políticas y sindicales, sólo los sindicatos de los marroquineros y de los telefónicos condenaron públicamente el desalojo de los kollas. Esto ocurrió cuando en el hotel, los kollas pidieron que concurra Perón a dar respuesta al pedido que se le había dejado en la Casa de Gobierno un mes antes.

Cuentan los kollas que cuando andaban por las oficinas del Director, el aborigen Dr. Peralta y su equipo, reunido  con un grupo de empresarios –entre ellos los de Robustiano Patrón Costas– le escucharon decir a este: “Póngase fuerte, don Peralta. Estos kollas hoy piden tierras comunitarias, mañana van a pedir la reforma agraria. Hay que desalojarlos para que no solivianten a las ligas agrarias de Salta y de Buenos Aires”.

El general Perón, cuando fue reporteado por Radio Belgrano, dijo: “Los kollas vilipendiados por la oligarquía terrateniente en Salta y Jujuy, aquí en Buenos Aires, al ser tan bien tratados, no se quisieron ir, hubo que despacharlos a sus lares”.

Influencia de la tradición helénica

En La Gazeta, en su representación de los hacendados y labradores, Moreno sustentó sus ideas sobre la libertad de los indios y, allí, censuró al Obispo del Darién que trataba de rebatir las denuncias de Fray Bartolomé de las Casas (Obispo de Chiapas), diciendo que los habitantes de las Indias “por natura, eran siervos”, fundado en las ideas de Aristóteles.

Utilización política del término indígena

Empleamos el término “indígena”, porque cuando se produjo la conquista, nos dejaron en la indigencia, nos impidieron el uso y goce de las tierras tradicionales comunitarias y nos quitaron la posesión y el derecho, no sólo sobre las tierras y los recursos naturales, sino también de la propia cosmovisión. No obstante, ésta se conservó y se la continúa desarrollando, para el presente y el futuro, gracias a la resistencia de nuestros mayores durante la conquista española y republicana.

 

  Eulogio Frites (El derecho de los pueblos indígenas)

Selección: Belén Maletti

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