La muerte del sacerdote

Y sí,

yo busco a dios,

no he dejado de buscarlo,

pero dios debe tener que ver,

sí, seguramente,

con el hueso,

– el espíritu es un hueso –

yo busco a dios

pero para destaparme,

porque piso, fuerte,

piso fuerte la tierra,

estoy acá,

extendido, en esta carne,

a mis vértebras, encadenado,

busco a dios,

no prenderé la lámpara

porque no quiero cegar la oscuridad,

el naufragio

es inmenso

 

de un lado, la barcaza

del otro, la orilla

entremundos, nosotros

o yo, para no generalizar,

este yo de vértebras

busca entre sus pústulas

el cuchillo

o el zarpazo que arrebate

el espíritu

en la puta cara de Hegel

o en la cara de cualquier puta

voy a apagar la colilla de mil cigarrillos

en cualquier culo, dios

o en mis brazos de océanos, abierto

 

y sí, sé lo que digo al decir: espíritu

espirítu, hueso, espíritu, hijo carneado, ombligo,

espíritu, sé lo que digo,

sé lo que susurra

solo sé que no sé si no desgarra.

 

Y sí, busco a dios como tantos otros: para matarlo.

 

*          *          *

 

Yo prefiero vivir como una bestia.

Y no olvido: nadie abandonó la selva,

ninguno escapó de los árboles y de los relámpagos,

ningún balbuceo puede -ni podrá- con el culo del cielo.

 

Lo entendí, listo, no soy un ángel.

Tampoco lo es el tarado que se viste de blanco

y sopla los chakras;

menos el cura o la monja

y menos su Señoría

o el nenito que dice por dos por es cuatro.

 

Como ejercicio, cada vez que los veo

los imagino cagando

y toda su aura impoluta, con sumo cuidado,

se va rápido al carajo.

 

Yo prefiero saber y recordar siempre mis agujeros,

mis tripas, mis fluidos.

Dormir en medio de temblores,

saltar por el diseño del vacío

y descartar, punto por punto,

la concordancia de la pereza,

el arañazo de la gata con el crepúsculo,

la uña desnuda de una mujer en mi cama.

 

Nadie puede venir a decirme

que un ángel o un dios

sea más bello que una pantera.

Nadie con dos dedos de frente,

sobre todo cuando esa pantera

entra en el templo y nosotros, ahí,

creyendo verla y de pronto

sus ojos, definitivos, y de pronto

su boca, definitiva, sobre nosotros.

 

Víctor Dupont

LTF. Abolicionismo de la Cultura Represiva

Fotografía original: Barry Tallis

Sé el primero en comentar

Deja un comentario