La paranoia de los sauces

Hay, en la espera, un dejo de hipotermia.
Hay, en la humildad, toneladas que embarran.
Hay, en la esperanza, suficientes peces muertos para provocar un vómito.
En la lógica, un ciempiés con cincuenta cabezas y una sola dirección.
En el sentido común, poco de los sentidos y mucho de los rebaños.
En la moderación, un calmante para pulgas.
En el sacrificio, una cruz, un hombre y un despertador que ruge en tus oídos cuando todavía es de noche.
Hay
Hay por no decir lo que no hay, porque lo que no hay resulta evidente al decir lo que hay.
Hay, en el mientras tanto, pasos que ahogan las palabras, pasos que cristalizan el silencio, pasos y bocas con voces como muros.
La esperanza no es más que la espera congénita.
Entonces, me aferro a la noche y digo
digo
los vocablos como catapultas
digo la pausa, digo la ausencia
digo el instante en el que todo se pulveriza
una lengua de serpiente pronuncia
EL DEBER
y el tumulto
desoye.
Hay niños que se cuelan en la sangre y otros que se matan para no sangrar jamás.
(hace días vi a un hombre molesto con la incertidumbre en la nuca como garrapata, lo vi extirpar la curiosidad como espinas de su venas
mataba a un niño con un rostro similar al suyo al unísono que enterraba al placer, se reía, jugaba al ajedrez con otros tantos que balaban y afirmaba que siempre que llovió, paró)
Entre la baba de quienes se arrastran
entre las certezas
entre la abulia y el olor amargo de cientos de cuerpos momificados
ahí estás
cómplice de asesinato
monstruo caos efervescencia
con tu amor que se asemeja a la muerte
insondable
y los péndulos se detienen
la clepsidra se vacía
las pupilas toman el lugar de los ojos
y doblan su existencia.
Si la profundidad es algo es nuestra manera de mirarnos.

 

Yamila Caloiero

Fotografía original: Martin Parr

 

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