Las estatuas son opresoras

Las estatuas son opresoras. No representan hombres sino principios, ideas, abstracciones. Su solemnidad -siempre ultrajada por las palomas- quiere significar la seguridad de lo establecido, un fetiche para exorcizar el horror del tiempo. Y cuando el orden que las erige pierde vigencia, la helada secta de paradigmas con labios de mármol, todos los fantasmas petrificados en parques y plazas, arrojan al cuello de los vivos un lazo de estrangulador.

Enrique Molina (Una sombra donde sueña Camila O’Gorman, 1973)

 

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