Elogio de la poesía como catástrofe natural

4 de febrero de 2017.

Sobre LTF y su participación en la “Llamada de poetas” de la ciudad de La Plata:

¿Un hábito? Nunca hablar de lo que quieren que hablemos

“Detrás de toda gran agenda se esconde un gran dictador, un gran traidor o un gran cobarde. Detrás de toda pequeña agenda se esconde un pequeño dictador, un pequeño traidor o un pequeño cobarde.” (Cartulina dixit).

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Una posible crónica (5 de febrero de 2017):

“Diremos que ayer salimos a la calle y nos encontramos íntimos en la mirada cómplice del compañero. Que el cielo no soportó nuestro encuentro. Nuestra comunión con los dioses. Con nuestros ídolos. Con nuestros poetas aliados. Con nuestros fantasmas. Diremos que ayer el cielo se desgarró en llanto. Se derrumbó y nos empapó aturdiéndonos cuando la poesía se hizo carne. Cuando la poesía fue pulso. Fue respiración. Fue grito. Diremos que ayer la palabra tomó nuestros cuerpos por asalto. Diremos que ayer no vacilamos. No vacilamos un instante y fuimos poesía. Sí. Fuimos poesía. Fuimos hacha. Fuimos martillo. Fuimos espada. Fuimos arma. ¡Fuimos pirómanos!

Diremos que ayer fuimos LTF. Diremos que ayer molestamos. Incomodamos. Metimos el dedo en la llaga y no lo sacamos durante tres horas. Revolvimos la llaga. La presionamos.

Le dijimos a todos que no veníamos a entretener. Que no somos bufones del rey. Que la poesía no es divertimento. No es obsecuencia. Que odiamos la poesía domesticada. Que despreciamos toda poesía que no sea subversiva.

Que la poesía es un deber, una obligación.

Que la poesía de Neruda y Benedetti nos parece repugnante.

Que Neruda y Benedetti son poetas de mierda. 

Electroshock, electroshock, electroshock. 

Resucitamos.

Dijimos lo que queríamos decir y lo hicimos a nuestra manera. Sin tapujos. Sin medias tintas. Sin vacilación. Sin tibieza. Y observamos las miradas atentas. Los rostros estupefactos. Las caras de horror y las que brillaban inconcebibles. 

Fuimos estruendo ensordecedor. Fuimos potencia. Nos potenciamos. Fuimos renuncia. El error de DarwinFuimos todos por los que hablamos y a quienes les sacaron su voz. Poesía-guerra, poesía-grito, poesía-llaga. 

Nos arrancamos la piel con nuestras palabras. No eramos nosotros, eramos “los poetas”, “los abolicionistas”. Aunque sí. Eramos más nosotros. Los nosotros que quisieron ahogar. Los niños no queridos de la sociedad. Los que debimos disfrazarnos para sobrevivir”.

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Participaron del evento: Alejandro Castellani, Belén Maletti y Maxi Postay.

LTF. Abolicionismo de la cultura represiva. 

Fotografía original: André Kertesz

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