Más vale deformar que repetir

La vida es un arma.

¿Dónde herir, sobre qué obstáculo crispar nuestros músculos, de qué cumbre colgar nuestros deseos? ¿Será mejor gastarnos de un golpe y morir la muerte ardiente de la bala aplastada contra el muro o envejecer en el camino sin término y sobrevivir a la esperanza?

Las fuerzas que el destino olvidó un instante en nuestras manos son fuerzas de tempestad.

Para el que tiene los ojos abiertos y el oído en guardia, para el que se ha incorporado una vez sobre la carne, la realidad es angustia. Gemidos de agonía y clamores de triunfo nos llaman en la noche.

Nuestras pasiones, como una jauría impaciente, olfatean el peligro y la gloria. Nos adivinamos dueños de lo imposible, y nuestro espíritu ávido se desgarra.

Poner en pie en la playa virgen, agitar lo maravilloso que duerme, sentir el soplo de lo desconocido, el estremecimiento de una forma nueva: he aquí lo necesario.

Más vale lo horrible que lo viejo. Más vale deformar que repetir. Antes destruir que copiar.

Vengan los monstruos si son jóvenes.

El mal es lo que vamos dejando a nuestras espaldas. La belleza es el misterio que nace. Y el hecho sublime, el advenimiento de lo que jamás existió, debe verificarse en las profundidades de nuestro ser.

 

Rafael Barrett (El esfuerzo, Fragmento)

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