Mi mano ha parido un enano

Desgarraduras. Selección.

No hay palabras

Solamente pelos

En el mundo sin verdor

En el que reinan mis senos.

No hay gestos

Solamente mi piel

Y las hormigas pululando entre mis untuosas piernas

Portando en su tarea las máscaras del silencio.

Llega la noche y con ella tu éxtasis

Y mi cuerpo profundo ese pulpo sin pensamiento

Se traga tu sexo palpitante

Durante su nacimiento.

***

Un nido de vísceras

En el árbol reseco de tu sexo

Un negro ciprés se alza en la eternidad

Y vela a los muertos que alimentan sus raíces

Dos ladrones crucificados sobre chuletas de cordero

Se burlan de un tercero que, cumpliendo con su misión,

Se come su cruz de carne

Asada.

***

He visto cómo crecía mi rojo vello eléctrico

Desde mi vientre hasta mi garganta desplumada de pájaro

Y me he reído

He visto como la humanidad vomitaba en la pila inestable de la iglesia

Pero sigo sin comprender a mi corazón

He visto al camello en camisa partir sin lágrimas para La Meca

Junto a mil y un mercaderes de arena y al monstruo escamoso de las negras multitudes

Pero no les he podido seguir

Pues la pereza se ha impuesto a mi fervor

Y la rutina ha recuperado su danza dislocada

Como la de los dedos de los pies.

***

Tristemente

Un hombre se apoyaba sobre los restos de su muleta

Contemplaba sin amargura su pequeño pie crucificado

Que lentamente agonizaba clavado en su cruz

Desnudo.

El hombre ha regresado de nuevo a los caminos del insomnio

Con una lengua en cada ojo y una pierna en los hombros

Teniendo por guía

El canto de las cigarras.

***

¿Cómo desprenderme de la sombra pasiva de la muerte?

En silencio ella vela mi corazón ese muerto mal lavado

En silencio lava sus ojos inflamados

Y llora.

¿Cómo castigar a los pobres sin techo que llaman a mi puerta

y amenazan mi felicidad con sus llantos?

¿Cómo vengarme del viejo loco que me golpea ante la tumba

de mi madre sin respetar sus restos

sin quitarse el sombrero sin dejar de beber mis llantos?

***

El mantel rojo

Manchado de sangre

Cuelga de los hombros de la estatua de bronce.

Los ratos del deseo

Roen el sexo crudo

Que esconde la mano

Del escultor

Demente.

***

Los muros se elevan

Dios de nuestros padres, ten piedad de nosotros los condenados

Los oscuros muros de la desesperación se ciernen sobre nuestras cabezas, sobre nuestros cielos, sobre nuestros hogares

Evítanos la cólera de los envidiosos

Perdónanos, tú que sabes de nuestro desamparo

Olvida nuestros pensamientos, nuestro pasado, nuestros pecados

Concédenos la esperanza incluso en la desesperanza

Los muros del desprecio nos aprisionan no obstante nuestros gritos

Ayúdanos, ayúdanos, ahora que ya no puedes

Ahora que ya estás sordo, paralizado, fatigado

Demasiado viejo para salvarnos aunque quisieras

Dios de los impotentes, Dios de los inocentes

Dios sin otra ocupación

Que la de morir.

***

Llora hombrecito

Tu barco está en venta

Tu mujer ha sido vendida

Y la fresca leche de tu vaca

Roja por la sangre de los negros

Hace que tus hijos se meen

De odio.

***

El bebé duerme en su cuna negra.

Sus sucios dientes destacan entre sus labios cortados.

Le meces.

La habitación está tranquila a pesar del perro moribundo

Las ventanas bien cerradas para retener mejor la noche

Esperas.

El bebé se despierta de sus sueños torturados

La muerte, tierna nodriza, le aguarda

Y tú, madrecita, te regocijas.

***

No uses como cebo

El alma pálida de un cerdo

Para atraer a los ancianos

Que huelen a pescado.

Sobre todo durante la semana.

No arranques los gargajos

De las bocas de los niños

Que venden su trasero

A los asnos

No manosees las blandas tetas

De los impúdicos monos

Podrían tomarte

Sin excusa y sin ardor

Por su hembra.

***

El dulce ojo de la cocinera

Cuece en un espeso caldo.

Las piernas torcidas de la cocinera

Cuelgan como un amuleto

Y golpean contra la pared llena de cucarachas

Al ritmo de nuestros gritos ansiosos

Mientras tanto tú trinchas el diablo de sus ojos

De sus ojos de perro fiel.

***

Sube conmigo las escaleras de bajada

Muchachas con las piernas abiertas ríen en los peldaños

Ofrecen su pescado cambian de posición

Nos siguen con sus risas

A pesar de nuestro pudor.

Ven conmigo a la casa de la muerta

Tendida en mi cama, a medio pudrir

Ella escucha a los niños durante sus juegos inocentes y espía a los viejos mientras cuenta sus excrementos.

Las velas ahuman la habitación murmurante

Ocultando a la muerta de la concurrencia

La muerta que observa los muebles y a los vivos

Desde hace diez o quince días

O tal vez desde siempre.

***

He plantado una mano de niño

Pálida por la enfermedad, llena de parásitos

En mi jardín de árboles en flor.

La he enterrado muy honda en el fétido suelo

La he regado bien, la he rastrillado, le he dado un nombre

Sabedora de que una virgen brotará de ese lugar

Una virgen radiante de luz y vida

Una fe nueva en los lugares antiguos.

***

El ojo de cristal de mi portera

Colgaba de la lámpara de bronce

Colgaba soñador sujeto por las pestañas

El ojo de mi portera ennoblecido por el vino

Se balanceaba graciosamente, graciosamente

Toda la noche a un palmo de mi nariz

Me miraba fijamente pasmado y sin pestañear

Ojo húmedo de sonrisas vivificantes

Que fecundaba mi matriz avara

Con su orina.

***

Llegan a pesar mío hasta mi mundo de encamado

Los espasmos que hacen vibrar tu cuerpo de obeso.

Ahí estás para sufrir, insatisfecho,

Torturándome con tus ojos entre mis sábanas de enfermo

Temblando tus carnes de emoción.

Mi silla de ruedas te ignora en su rincón

Recordándote mis pálidas piernas, sin hueso.

Mis vestidos te atraen desde el armario entreabierto,

Mas sus embriagadores perfumes no te dicen mi suplicio.

Todas las noches me encierro en mi sueño enfermo

Para no escuchar tus ronquidos obscenos

Mientras tú te relajas, te sacias, te diviertes

Violando al perro.

***

Niño en un tren

El miedo se le agarra a la garganta, le toma la mano

Su madre muerta se apoya en sus hombros

A uno y otro lado

Él le jadea dulces palabras de muerta asfixiada

Le empuja hacia la carretera por la que pasa corriendo

Y aspira su último aliento.

***

Hay sangre en la pared

Silueta de un hombre que ha sido

Muletas caídas que no volverán a cojear

Revoltijo de camas sobre hombres destrozados

Y el silencio instalado en el hospital que una bomba

Ha destruido.

***

Quiero dormir contigo codo a codo

Entremezclados los cabellos

Anudados los sexos

Con tu boca como almohada.

Quiero dormir contigo espalda con espalda

Sin aliento que nos separe

Sin palabras que nos distraigan

Sin ojos que nos mientan

Desnuda.

Quiero dormir contigo seno contra seno

Exaltada y sudorosa

Relumbrante de estremecimiento

Devorada por la loca inercia del éxtasis

Descuartizada sobre tu sombra

Martilleada por tu lengua

Morir feliz entre tus dientes picados

De conejo.

***

¿Qué es mi mano?

¿Me la debo cortar para sonarme mejor?

Mi mano ha parido un enano.

¿Pero qué es un enano?

¿Se bebe éste el suave caldo de las lícitas voluptuosidades?

¿Debo matarle antes de que me chupe el dedo?

¿O quizá debería enmarcarle

Y colgarle como amuleto

En mi tejado?

***

Oh Dios, tú que vuelas con alas prestadas

No te rías de mis humildes plegarias.

Me he untado la piel con el excremento de los leprosos.

Me he arrancado mis uñas encarnadas

Y moradas de rabia

Y temblando ante tus ángeles risueños

Me contorsiono para impresionarte

Señor.

***

El cadáver de mi abuela

Conversa al aire libre

Con la lechuza de largas pestañas

Y el duro cielo del invierno.

Mi abuelo vela a su esposa

Mi madre enjuga sus lágrimas

Mi padre le chupa los pies

Y yo toda desnuda en el río

Ahogo mis piojos.

Joyce Mansour (Desgarraduras, 1955)

Traducción: Eugenio Castro

Selección: Maxi Postay

 

 

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