Objeto Subjetivo

La enciclopedia

Soy hija de la razón instrumental. No soy una casualidad. Soy hija del poder. De creencias religiosas, fantasmas. Miedo. El oro decoró mis tapas y contratapas. La sangre y el fuego escribieron mis hojas.

Tiempo. Tiempo y vida me llevé.

¿Buenas intenciones? Quizás desde la mirada de algún iluso idealista.

Una bestia soberbia de más de dos mil cuatrocientos años comenzó a parirme. Bebí de la tierna leche de la academia y dividí mi mente en dos. 

Hablé francés… luego… el mundo… 

Pretendí saberlo todo, enseñar sobre ética y moral. Sobre el origen de la vida. El curso de los ríos, las estrellas. 

Por qué una manzana cae, por qué se parecen a los monos. Porqué es así

Tiempo. Tiempo llevó que se dieran cuenta. Karl Raimund lo demostró.

Épocas oscuras quedaron atrás. Encierro, desesperanza, angustia. Mirar hacia arriba, temer hacia abajo. ¿Para qué? ¡La vida esta aquí idiotas! ¡La vida soy yo! Luz. Verdad. Realidad. Ya no pregunten, lean. Ya no critiquen, aprendan. Ya no piensen, repitan. 

Me construyeron universidad. Me resumieron diccionario. Me proyectaron programa. Me resumieron materia. Me obligaron ley.

Artaud lo dijo: ley de vida, ley del corazón.

¿Les parece poco? Enseñé sobre enfermedad y salud. Sobre locura y cordura. Placer y trastornos. Cuerpo, carne, hueso, muerte. Nada. Natural. Normal, ser, deber. Comienzo y final. Destino. Basta, no hay más. Pero Billiken, Genios, Petete. Encarta, en-carta. A la ignorancia, a círculos pariendo cuadrados. Números que no cuentan. Palabras mudas. Razón irración, irritación. 

Tiempo. Con el tiempo descubrieron mi debilidad. Descubrieron lo vano del intento. 

Supieron que palabra es interpretación. Que no sabemos qué es el mundo. Que ni ustedes se conocen a sí mismos. Que a duras penas se pueden comunicar. Asumieron que cada uno es su león y allí verificaron que “el código” no era tal.

Sólo un enigma. 

Entonces vieron conmigo un plan.

Me hice industria, me volví montaje, me reforcé cadena y nació “la cultura”. 

Fui violenta, pero invisible. Fui símbolo. Fui diploma. Fui cine, fui radio, llegué al arte. Publicidad. Pasé de ser universal a particular, llegué a las mentes, a las acciones, a los corazones. Representé deseo y felicidad. 

Me hice fuerte. Fui mensaje. Fui conformismo. Herramienta y arma. Mi lógica fue autoridad. Mi discurso dominación. Mi política genocidio

Dante Florimonte (6° Edición)

***

El pistacho

Les habla un viejo, muy viejo. Viejo verde e inútil, así me llaman por el barrio. He vivido demasiado tiempo y tal vez eso me mate cada día un poco más. He visto todo y a todos y sin embargo aprendí poco. Sé que revolver la tierra que me abrigó no es la solución pero tal vez aquiete mi alma. Nunca dejé de ser un limitado. Ni siquiera hoy que veo todo más nítido puedo cambiar algo de lo que me rodea. Desde aquella codiciosa reina que me censuró, que me raptó y me encerró en palacios y banquetes monumentales, me condenó a una cárcel con paredes de oro que sólo servían para reflejarme… reflejar mis cadenas y mis límites. No había ventanas ni posibilidad de mirar hacia afuera, esa era la única realidad. Pero tal como dicen, todo cambia. Y sí, mi apesadumbrada realidad finalmente cambió. Gracias al Señor -como los oía decir al unísono- me sacaron de esa cárcel dorada y me llevaron… Me llevaron al fondo del abismo, me dejaron rezagado y aislado en este montoncito de tierra que ha sido mi refugio hasta estos días. Nunca más me vinieron a buscar. Construyeron una prisión para ellos mismos y me dejaron afuera. Debo admitir que mis peores depresiones, los momentos en los que más sentía que me tragaba la tierra, eran en diciembre. Días enteros soñando con adornar esos llamativos budines que todos, absolutamente todos, hacían para festejar un nacimiento de no sé quién –vaya popularidad tendría. Infaltable la presencia de mis amigas las Nueces y Almendras – más que amigas, conocidas porque poco y nada las cruzaba. Eso sí, cuando las cruzaba, lo primero que hacían era mortificarme. Una mañana entera estuvieron burlándose de mí porque se habían enterado que mi nombre era mencionado en la parte en donde se hablaba de Judá. Nunca supe quién era ese tipo pero estimo que alguien nefasto porque prácticamente me trataban de satánico. Con respecto a mis orígenes, por lo bajo se dice que era cultivado por el Judaísmo –supongo tendrá algo que ver con ese tal Judá-, otros aseguran que le debemos todo al Islamismo. Tan sólo son versiones porque aquí mucho no se habla de eso.

Hay días en que hago un mea culpa y pienso… ¿será que mi color me condenó? ¿Será que mi forma no les pareció tan atractiva o condescendiente como las de ellas? Muchas cosas se decían por atrás mío y yo aquí desde este montoncito de tierra sin poder hacer nada. Por lo que me fui enterando, no les gustaba mi pequeña abertura. Comentaban que me parecía a una vagina o algo así, me consideraban un pervertido. También escuché una noche, a lo lejos, que mi padre era un infructuoso, un improductivo y dijeron algo así como que era un inútil y que por esa razón debían eliminarlo.

Cada vez éramos menos los que quedábamos. Cada día más solo, aislado y temeroso. Como si esto fuera poco, las malas lenguas también decían que favorecía la erección, me acusaban de afrodisíaco y me hostigaban por eso. El castigo era tan cruel, la indiferencia lacerante. Aunque nadie se atrevía a ponerlo en palabras -porque estaba oculto en los rincones de sus pensamientos-, siempre intuí que mi color era también un problema. Mi tez verdusca quizás les recordaba a esos demonios de la Época Oscura, que atemorizaban a los niños y acobardaban a los grandes, quienes siempre llevaban algo de verde. ¿Y por qué el verde? Dicen que un tal Mahoma lo adoraba, tal es así que llevaba un turbante verde y que, por esa razón, muchas banderas de países de su región lo reflejaban, vaya a saber uno qué tiene que ver, pero bueno… También comentan que se lo consideraba como el color de la infidelidad, de la burguesía, porque –por sus componentes químicos- se decoloraba rápidamente. Creo que ambas son reflexiones respetables. Más allá de estas versiones, mi abuela tenía una interesante teoría al respecto: creía que al verde se lo relacionaba con un lugar llamado África –muy selvático, por cierto- de donde se decía que venían esclavos. Incomprobable pero inquietante a la vez. ¿Es posible que los famosos extraterrestres, seres tan temidos y amenazadores, hayan heredado su color de mí? Debe ser una coincidencia. Igual, ahora que lo pienso, absolutamente todo les molestaba: mi color, mi forma y ahora dudo que hasta mi fecundación fastidie. Imperceptible, escurridiza, incontrolable, conducida por la brisa, sin intermediarios ni peajes. Tan solo es una ocurrencia, nada más que eso.

Suelo fantasear, creo que hacerlo es lo que en gran parte me salva, lo que me abstrae de mi impuesta realidad. Espero algún día puedan disfrutarnos. No sé si estarán listos, si sus mórbidos cuerpos tolerarán probar un poco de todo esto. Aunque, pensándolo bien, tal vez no haya tanta diferencia entre seguir o morir. A veces me consuela imaginar que reflejo esa negación que hacen de ellos mismos y por eso me odian y me entierran vivo en la oscuridad. He vivido demasiado y hoy, viejo y reflexivo, idealizo la muerte. Y me siento bien, me gusta, me reconforta que haya otro lugar distinto a éste.

Siento que me liberará, aunque debo admitir que me contradigo mucho últimamente.

Quizás, en una de esas, allí logre encontrarme con ese tal Señor.

Catalina Biglieri (5° Edición)