Presentación

LTF.

Organización política abolicionista de la cultura represiva.

-organización

-política

-abolicionista

-de la cultura represiva

Organización, en tanto comprendimos que todo impulso individual es, por definición, insuficiente. Que la nada creadora necesita vincularse, que la nada creadora necesita sociedades, que la nada creadora necesita compañeros, necesita compartir el pan.

Organización, en tanto comprendimos, que organizarse no necesariamente significa resignar individualidad creativa, alinearse, dogmatizarse o someterse. Que existen “organizaciones” multiformes que se organizan en forma vertical, que estas organizaciones son mayoritarias, que estas organizaciones son de izquierda y de derecha, que estas organizaciones, incluso, muchas veces (inexplicablemente) se hacen llamar “revolucionarias”. Que estas organizaciones pese a ser –reiteramos- absoluta mayoría, no son –bajo ningún punto de vista- las propietarias exclusivas de la palabra “organización”.

Organización, en tanto comprendimos, que se puede (y se debe) promover “organización”, por fuera de la lógica de las organizaciones dominantes, por fuera de la lógica de las organizaciones que se creen propietarias exclusivas de la palabra “organización”, por fuera de “la lógica”.

Política, en tanto comprendimos que no nos organizamos (vinculamos, asociamos, acompañamos) para entretener ni entretenernos.

LTF no es un hobbie, un grupo de autoayuda y/o un proyecto liviano, superficial, trivial, snob/menopáusico/senil para hacer amigos y “conocer gente”.

Política, en tanto base de toda lucha.

Política, en tanto base de toda acción.

Política, en tanto reivindicamos la palabra “militancia”, la palabra “propaganda”, la palabra “activismo”. La palabra “política”. Su carga simbólica. Su potencia.

¿Todo acto es político? Claro que sí.

Lo público es político. Lo privado es político. La diferencia entre lo público y lo privado (para muchos arbitraria, para muchos “puesta en escena”, para muchos “construcción artificial”) es política. Cada palabra pronunciada es política. Cada palabra que callamos es política.

Pero ahora estamos hablando de otra cosa.

De la política como acción política. De la política como intervención política.

De la política/”hacer política”.

Política, en tanto comprendimos que queremos incidir, queremos transformar, queremos trascender.

Consciencia de muerte y ambición heroica.

Política, en tanto comprendimos que no vinimos a este mundo sólo para ser “observadores”.

Porque “criticar” no es lo mismo que “destruir”.

Abolicionista, porque interpretamos el verbo abolir como sinónimo de destrucción.

Abolicionista, porque “lo que viene a este mundo para no trastornar nada, no merece ni consideración ni paciencia”, merece ser abolido. Abolido en tanto concepto, abolido en tanto idea, abolido en tanto norma, abolido en tanto costumbre, abolido en tanto materia, abolido en tanto símbolo, icono, estandarte.

Porque odiamos, sin pudor, al “poderoso”; porque odiamos, sin pudor, su relato funcional, sus reglas (diseñadas por y para el poderoso). Porque odiamos, sin pudor, el contrato social que no firmamos.

Porque odiamos, sin pudor, a los sumisos y obsecuentes. A los traidores. A los humildes resignados. A los humillados. A los arrodillados. A los que gozan con su rol de mera arcilla.

Abolicionista, porque destruir es obligatorio y odiar, impulso vital, necesidad.

Abolicionista, porque somos herederos de tradiciones abolicionistas milenarias.

Abolicionista, porque somos herederos de su suma, de su mezcla, de su resignificación.

Desde los cínicos y su abolicionismo radical frente a toda convención social reproducida frívolamente por la sociedad ateniense del siglo IV a.c., hasta los abolicionistas del sistema penal del siglo XX, los abolicionistas de las instituciones psiquiátricas o el anarquismo, abolicionista del estado, la autoridad vertical y el orden jerárquico en todas sus formas.

Abolicionista, como los surrealistas que abolieron la realidad.

Abolicionista, como el Conde de Lautreamont que abolió la literatura.

Abolicionista, como los poetas que en el siglo XIX abolieron la razón.

Como los abolicionistas de la esclavitud, como los abolicionistas de la tortura. Como los abolicionistas de la educación normalizada. Como los abolicionistas del sexo/regla, del sexo sin placer. Como los abolicionistas capaces de abolirse a sí mismos. Capaces de abolir su “ser/identidad”.

Abolicionista, como la mujer que no quiere ser mujer, tampoco hombre.

Abolicionista, como el hombre que no quiere ser hombre, tampoco mujer.

Abolicionista, como Dionisio aboliendo al crucificado.

Cultura represiva, porque aún no encontramos otra forma mejor de “denominar” el modelo conductual/operativo/consuetudinario/fáctico absolutamente imperante/dominante en este mundo de mierda.

Un mundo de mierda, completamente condicionado por tradiciones culturales (también) milenarias.

Dios no es amor. Matar a Platón. Hobbes trabaja para el rey.

Cultura represiva como sinónimo de cultura de “la verdad única”. Verdad única monoteísta. Verdad única helénico-latina.

Cultura represiva como relato de una alianza genocida entre religiosos (funcionales al poder) y filósofos (funcionales al poder).

Cultura represiva como triunfo de la razón occidental.

Cultura represiva como sinónimo de cultura universal -colonizaciones e imperio-.

Cultura represiva que no permite filtraciones, cultura represiva que aborrece los matices, aborrece los “errores”, reivindica “perfección”, reivindica “claridad”, reivindica “pureza”.

Cultura represiva como mecanismo constructor de identidades normales y en cuanto tales, estáticas, sin movimiento, sin discurrir.

Cultura represiva como sinónimo de cultura “modelo” (modeladora),  cultura “moral” (moralizante).

Cultura represiva como sinónimo de cultura oficial. Cultura oficial que aniquila (aniquiló) lo “diverso” y deviene (devino) “oficial”, justamente por ello.

En un principio abolicionistas penales. Luego abolicionistas penales latinoamericanos.

Cuando allá por el 2015 entendimos que la cárcel (el sistema penal) es apenas “consecuencia” y América Latina y sus fronteras, “una cárcel”, decidimos reinventarnos.

Abolicionismo de la cultura represiva.

Abolicionismo/identidad transicional.

Abolicionismo que no es ismo.

Abolicionismo ruptura epistemológica integral. Mutación constante.

Abolir aboliendo. Elogio del gerundio.

La cárcel, el regionalismo/encierro, la “pena” y su carga semántica (icónica, paradigmática), pero también lo demás. Ese “lo demás” indefinible. Ese “lo demás” perpetuo. O que se cree perpetuo. Ese “lo demás” naturalizado.

Abolir certezas. Arder en preguntas. Reconocernos cuerpo. Reconocernos sangre.

LTF. “Espacio” que devino “secta”.

Nos llamaron de esa forma creyendo que así habrían de lastimarnos. Tamaño error. Notoria coincidencia. Creatividad nula. Previsibilidad.

Desde hace miles de años, los chupaculos del poder o “el poder” o los que se creen “el poder” pierden su tiempo (malgastan su vida, transitan su muerte en vida) llamando “sectas”, con tono despectivo, a las facciones políticas y/o ideológicas que sus cabezas de termo no pueden encasillar.

Ritual de iniciación.

Manifiesto.

Caos.

Espanto.

Escándalo.

Y la inexplicable tendencia de los mediocres a petrificarse las venas.

Circulamos por muchos sitios, devinimos secta.

Elegimos la poesía. Elegimos el ensayo.

Elegimos ser poetas y no serlo.

Elegimos ser siendo. Elegimos ensayar.

Decisión política que sólo se explica como ruptura forma/sustancia. Como mensaje mafioso (sectario) a los hijos de los hijos de los hijos de los tesistas doctorales. A los hijos de los hijos de los hijos que hacen de su producción intelectual una fábula sin gracia, un cementerio. A los hijos de los hijos de los hijos que creen que esa mierda que escriben/producen/recitan “sirve para algo”. O, mejor, que olvidan  que esa mierda que escriben/producen/recitan sólo sirve para que este mundo de mierda siga siendo una mierda, cada vez más mierda, terriblemente mierda, insoportablemente mierda.

Hedonismo lúdico o suicidio.

Elegimos quemar nuestros diplomas y ese absurdo catecismo carrerista que repiten los burócratas.

Elegimos elegir lo que nos gusta, lo que nos da placer.

Elegimos elegir “intensidad”.

Elegimos la blasfemia y la herejía. Su uso político.

Terrorismo antimonoteoplatónico.

Propaganda por el hecho.

Elegimos los fluidos. Elegimos coger. Coger mucho. Coger fuerte.

Elegimos no transar.

LTF. Organización política abolicionista de la cultura represiva.

Saludos cordiales “internautas de ocasión”, potenciales aliados de la secta… y a los poderosos y a los que veneran poderosos y a los que sueñan con ser poderosos, cinco dedos en el culo y el hábito salvaje, maravillosamente salvaje, de girarlos con vehemencia hasta que el culo sangre.

LTF. Abolicionismo de la cultura represiva.