Reyes magos: un mensaje mafioso del cristianismo

Estatuillas de fin de año: animales, pastores, reyes magos. Fragmento.

El seis de enero, fiesta de la Epifanía, junto al niño se colocan estatuillas de los Reyes Magos: tres notables personajes llegados desde muy lejos para arrodillarse ante Jesús. En el texto del Evangelio de Mateo, el único que los menciona entre los canónicos, se los define mágoi, término que en griego designa tanto los propios sacerdotes o sabios de Persia, como, de manera más general, los “magos” o los “brujos”, incluso en el sentido peyorativo de “charlatanes”. En el texto de Mateo, a la definición de mágoi le sigue una especificación ulterior, ex anatolón, “de Oriente”.

¿Quiénes son, pues, los tres orientales (en el nacimiento lo manifiesta así la forma de sus vestimentas) arrodillados ante el niño? La pregunta no se refiere tanto al significado “real” de estas figuras en el evangelio de Mateo, como a lo que de éstas ha hecho la memoria cultural, transformándolas en figuritas del nacimiento. En este paso, los mágoi originarios -los sacerdotes de la antigua Persia, los hombres sabios que conocen los secretos de la magia y de la astrología- se han convertido en “reyes”, pero, aún así siguen siendo “magos”: una designación que evoca conexiones con religiones diversas o lejanas y con sabidurías arcanas. Estos personajes exóticos que, guiados por la señal divina de una estrella (la misma que, pintada de plata, se halla encima de la gruta de cartón piedra) han venido a adorar al niño y a traerle regalos valiosos, expresan el homenaje que las religiones de Oriente ofrecen al pequeño Jesús.

Sin embargo, no nos dejemos engañar por nuestros hábitos culturales respecto a la narrativa del Belén. La inserción de estas tres nuevas estatuillas, el seis de enero, junto al pesebre no pretende simplemente aportar una prueba más de la divinidad del niño, a añadir a las ya manifestadas por otros actores del Belén.

Proclamado dios por los ángeles, reconocido como tal por animales, pastores y otros -pero al mismo tiempo homenajeado y adorado por los Magos, representantes de las religiones de Oriente-, Jesús se configura no sólo como UN Dios, sino como EL Dios: el único verdadero, ante el cual las demás religiones deben ceder el paso, ahora que ha descendido para manifestarse entre los hombres.

Melchor, Gaspar y Baltazar, colocados en el nacimiento en la culminación de su ciclo narrativo, añaden, a la certificación de la naturaleza divina de Jesús, también una negación de las religiones diferentes del cristianismo y una afirmación de su verdad exclusiva. Una negación y una afirmación expresadas ambas de manera cordial, casi de fábula, pero no por ello menos definitivas.

La memoria de la antigua distinción mosaica, la persuasión de que hay espacio sólo para un único y verdadero dios no se halla solamente en el sometimiento o en la persuasión inconsciente de quien pone el nacimiento: está contenida directamente en su interior.

Maurizio Bettini (Elogio del Politeísmo, Capítulo 2, 2014)

Traducción: Carlo Caranci

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